Fig.01 · Àgueda Florensa Hola, soy Àgueda
Me llamo Àgueda, con acento abierto en la A. Palabra esdrújula y con mucha fuerza, que me acompaña toda la vida. Siempre he pensado que mi nombre, por sí solo, ya dice mucho de mí.
Mi nombre es Àgueda, con acento abierto en la A. Una palabra esdrújula y con mucha fuerza, que me ha acompañado toda la vida. Siempre he pensado que mi nombre, por sí solo, ya dice mucho de mí.
Soy de las que creen que todo se puede arreglar con una sonrisa; de las que entran en un sitio y saludan aunque no conozcan a nadie; de las que cogen un bolígrafo y sienten la necesidad de dibujar y garabatearlo todo. Necesito la música en mi día a día; no sé hacer las cosas sin "mi banda sonora" de fondo. Canto en la ducha y mientras me seco el pelo, el ruido del secador me inspira; soy de las que bailan hasta la última canción con una sonrisa en los labios por mucho que les duelan los pies. Me encantan las fresas y las chucherías rojas; soy de las que se expresan mejor escribiendo que hablando. Soy de las que se ríen fuerte y con ganas.
Soy de las que valoran los pequeños detalles, los gestos que no se nombran, las miradas que se reconocen sin palabras. De las que encontramos la belleza en aquello que otros pasan por alto: una silla bien colocada, una flor puesta como por casualidad, una luz que entra por la ventana a la hora exacta.
Soy de las que podrían pasarse horas viendo vídeos de animalitos por internet y emocionándose; de las que necesitan tenerlo todo organizado, pero al mismo tiempo les encantan las sorpresas (aunque es difícil sorprenderme, porque soy una gran detective: he crecido leyendo y viendo a Sherlock Holmes, el detective Conan y Agatha Christie). Soy exageradamente friki: dame una película de Harry Potter, Star Wars, Marvel o DC y soy como una niña con zapatos nuevos.
No os penséis que solo me gustan las cosas frikis, ¿eh? También soy una romántica sin remedio. Dame pañuelos, Moulin Rouge, Noviembre dulce, Todos los días de mi vida...
Me gusta recordar a la gente que quiero lo mucho que la quiero, ya sea diciéndoselo o demostrándoselo. Y desde hace un tiempo hay una personita a la que se lo digo cada día: soy madre, y todo lo que ya sabía sobre amar se ha reescrito. Y es todavía más bonito. Soy sincera, demasiado incluso. Cuando tengo un mal día limpio y reorganizo cajones de forma compulsiva; y, al mismo tiempo, puedo vivir inmersa en un caos absoluto. En cambio, cuando estoy bien, podría comerme el mundo entero.
Me gusta el amor de verdad. El de la gente que se mira y todavía se reconoce. El que no hace falta explicar. El que cuesta nombrar. Adoro todo lo que ese amor conlleva: la vulnerabilidad, la promesa, el gesto cotidiano que no hace ruido. Creo que las amistades son la verdadera familia, porque son las que tú eliges. No soporto ver sufrir a un animal, y soy de las que se llevan cualquier bichito perdido a casa. Soy de las que sueñan despiertas; de las que siempre van con agenda y alarmas para todo; de las que caminan por la calle escuchando música y se creen que todo el mundo las está escuchando.
Soy de las que lloran prácticamente en todas las bodas. La madrina emocionada, los votos (¡que muchas veces ya he leído!), el discurso del hermano o de la mejor amiga... de pocas me libro. Los pañuelos forman parte de mi maletín de emergencias.
Y soy de las que creen que las mejores bodas son las que hablan de las personas que las viven. Bodas que no se parecen a ninguna otra. Bodas que hablan de quienes las celebran, no de la que vieron la semana anterior. Bodas que os regalan recuerdos, no fotografías.
Soy todo esto y mucho más. Y mezclando todo — todo lo que me hace ser quien y como soy — se crea lo Inefable. Lo mío es inefable.
"Si podéis imaginarlo, podemos hacerlo realidad. Y si no sabéis imaginarlo, para eso estoy yo."
Hace un tiempo viví el momento más inefable de mi vida: tener a mi pequeña en brazos. Soy madre — y soy la madre más feliz del mundo.
Ahora que me conoces un poco,
hablemos?
Un café, una conversación, sin compromiso. Así es como empieza siempre.
Escríbeme →